viernes, 4 de junio de 2010

No me eches la culpa

De repente ocurrió. Simplemente fue eso, ocurrió. En ningún momento hubo premeditación. Ya sabéis, las cosas pasan cuando menos las buscas. Y así comenzó esta historia aún sin acabar. Para mi siempre hubo dos tipos de jueves, ambos malos. Los jueves que te quedas en casa mientras el resto sale, y los jueves que sales y al día siguiente quieres dar marcha atrás para no salir. Ese jueves fue totalmente distinto. Efectivamente no me quedé en casa mientras el resto de gente se bebía Madrid, pero tampoco quise dar marcha atrás cuando me desperté el viernes.

Amanecí con una resaca infernal y con todo mi desorden más desordenado. No entendía por qué todo se me complicaba tanto sin buscarlo, y no entendía por qué yo no intentaba evitarlo. Pero me sentía cómoda con mi vida. Me sentía dueña de ella. Por fin no ponía la felicidad del resto por delante de la mía. Aunque la felicidad nunca me suele durar demasiado, pero había que intentar disfrutar de cada instante.

A pesar de todo, decidí seguir con mi vida, como si nada hubiese pasado. No podía ser tan difícil. Era cuestión de no tener en cuenta lo que había pasado y de actuar con normalidad. ¿Qué podía fallar? Pues, obviamente, que no era tan fácil renunciar a sentirse bien. Que después de tanto tiempo en un pozo sin fondo no iba a esquivar una sensación agradable. Así, las cosas se fueron sucediendo hasta el punto en que me encuentro ahora. Estoy más arriba de lo que alcanzas a ver si alzas la vista hacia el cielo, estoy muy por encima de eso. Aunque no dejo de ser yo: pesimista por naturaleza.

Quizás, de hecho es bastante probable, estén pagando justos por pecadores. No sería ni la primera ni la última vez que pasaría. Pero no puedo evitarlo. Esto no puede ser cierto, tiene que haber trampa. Así que de una forma u otra, estoy esperando a que todo se dé la vuelta. A que todo me vaya como me tiene que ir: mal. Y mientras... mientras espero que me queden infinitos momentos que disfrutar. Porque es lo único que importa al fin y al cabo, los momentos que disfrutamos, cada instante que nos hace sacar una sonrisa.

¿Y tu? Tu empeñado en culpar a alguien... Pues en este juego no hay culpables, cada uno hace lo que quiere cuando le apetece. Nadie obliga a nadie. Siempre pinchándome... Y, ¿sabes qué? Puedes echarme la culpa de muchas cosas. Puedes acusarme de ser demasiado paranoica, o demasiado depresiva, o tantas y tantas cosas. Pero nunca, NUNCA, me eches la culpa de los jueves sin dormir... Igual tienes razón y fue mi culpa, pero jamás me voy a sentir culpable por ello y, sin duda, los repetiré cada vez que pueda.


(Este texto lo escribí hace algo más de un año y no lo subí pero, ya que aún tiene validez, aquí lo dejo)

4 comentarios:

El fumador dijo...

Eso que dicen por ahí de que esperar siempre lo peor ayuda a no llevarse luego el batacazo siempre me ha sonado raro. Yo soy de los que piensan que esperar siempre lo peor ayuda a eso, únicamente.
Por otra parte, siempre es importante disfrutar de los momentos, se espere lo que se espere más adelante.
Nos guste o no, mañana va a seguir saliendo el sol (o eso espero...)

xuixida dijo...

pues quizás tengas razón, pero bueno, yo siempre me espero lo peor, es costumbre! jeje que tal la sexta??

El fumador dijo...

Great!! Lo mío con laSexta es un romance a largo plazo... Me untan mucha pasta por ir sólo los findes y no tengo ni que madrugar... xDD
Y vos?? Cómo va todo??

xuixida dijo...

Pues bastante bien, rezando porque el tiempo deje de estar loco y nos deje disfrutar del sol! y preparando el finde!! :D