Por fin llegó el momento. Empezaron a acercarse y se convirtieron en una sola persona. Pero sólo era eso, sólo era una noche, una noche que duraría más de lo que ellos pensaban.
Las tardes de risas empezaron rápidamente. Las noches sin dormir no se hicieron esperar. Ya no había vuelta atrás. Ahora todo era fácil, sólo había que disfrutar. Pero no era tan simple. Sus corazones querían, pero sus cabezas se lo ponían imposible.
Los problemas empezaron a llegar, y con ellos las palabras de perdón y las ganas de luchar. Las discusiones inundaban con lágrimas sus semanas. Pero daba igual, no iban a renunciar a lo que tenían.

Así pasaron los meses, y ahí seguían. Los dos eran felices estando juntos, pero algo se acercaba y ellos no lo veían, probablemente porque no lo querían ver.
Las discusiones crecieron en tamaño y en frecuencia, y las ganas de luchar se convirtieron en desánimo. Y tras mil obstáculos ocurrió.
Sus caminos volvieron a ser distintos, sus vidas volvieron a ser propias, volvían a ser dos.
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