sábado, 24 de mayo de 2008

La vuelta

-Lo siento ¿llevas mucho esperando?

-No, un par de cigarrillos. ¿Qué ha pasado?

-Pillé atasco. Supongo que todo el mundo se va de puente.

-No, yo me quedo... y tú también.

-Ya, pero el resto se va... es lo de siempre, solo me quedo yo.

-Bueno, tampoco hay nada de malo, podemos salir a tomar algo siempre que te apetezca.

-Sí.

-Estás muy callado, ¿te pasa algo?

-No, no se...

-¿Qué pasa?

-Me ha llamado...

-¿Quién?¿Ella?

-Sí, vuelve a Madrid.

-Vaya... ¿y qué piensas hacer?

-Creo que esto no lo debería hablar contigo, no todavía. Debería pensar.

-Ya, pero tengo derecho a saber qué pasa. Yo también soy parte de esta historia.

-Lo sé. Y tienes toda la razón. Eres parte de esta historia, pero no de la anterior. Tengo que pensar... No te preocupes...

-Ya, claro. Todo va a salir bien ¿no? Solo es una rayada del momento y mañana se te habrá pasado.

-No digo eso. Digo que no te preocupes. Que no se lo que hay en mi cabeza, y que hasta que no lo sepa no merece la pena que pienses en esto.

-No te entiendo. Se supone que nos va bien.

-Yo no he dicho que nos vaya mal.

-Bueno, piensa en lo que tengas que pensar. Pero no te voy a esperar eternamente.

-Ni yo quiero que lo hagas. Te llamaré.

-Adiós.

-Adiós.


Sin saber dónde ir él empezó a caminar. En su mente se sucedían los recuerdos. No sabía qué hacer. Ahora tenía una vida feliz, o eso se suponía, pero el pasado le estaba torturando de nuevo. ¿Por qué ella le había llamado?¿Por qué después de tanto tiempo sin dar señales de vida? Eso ya no importaba, el caso es que volvía.

Tras cerca de una hora andando se paró en seco. Sin saber cómo ni por qué había llegado al parque, a su parque, a su banco. Se sentó y se puso a recordar en la última vez que se habían sentado allí juntos, fantaseando sobre lo que pasaría años después, cuando se reencontaran. Tal vez ese día estaba cerca, pero tal vez no sería como ellos lo imaginaron. Seguramente sería más difícil, de hecho ya estaba siendo más difícil.




Decidió levantarse y volver a casa, se hacía tarde y quería acostarse pronto y pensar. Mañana la llamaría. O quizás era mejor que no lo hiciese. Tenía que pensar.

Cuando despertó ya había pasado el medio día. Se puso a hacerse la comida. La noche no había resultado nada fructifera. Sonó el timbre. No abrió, quería estar solo. Volvió a sonar, y otra vez. Fue a la puerta mientras se adecentaba el pelo con las manos, y cuando abrió... ahí estaba ella, después de tanto tiempo. Se quedaron como mudos en la puerta. Tras un largo rato de cinco segundos se abrazaron.

-No me has llamado.

-No sabía si debía hacerlo.

-¿No me vas a invitar a pasar?

-Sí, claro que sí, pasa.

Él sacó un par de cervezas. Se sentaron en el salón, y empezaron a hablar de qué habían hecho durante todo el tiempo que no se habían visto. Ella tenía la mirada fija en un punto, siempre en el mismo, una foto.

-¿Quién es ella?

-Ella...bueno...es...

-¿Tu novia?

-Si, o eso creo, ayer las cosas se quedaron en el aire.

-¿No la has llamado, no?

-Eh...

-Nunca aprenderás...

-Ya, lo sé.

-Y bueno, cuéntame, ¿cómo es? ¿dónde la conociste? ¿llevais mucho tiempo juntos?

-Es... bueno, ahí tienes la foto...

-Me refiero a cómo es por dentro.

-¡Ah! Pues, no sé, es divertida, inteligente, agradable, con un poquito de caracter y muy responsable... Me la presentó un compañero del trabajo y coincidimos en varias cenas del chico éste. Y poco a poco empezó a pasar algo más. Llevaremos un año y medio, contando todo lo que pasó.

-Me han superado, vaya...¡¡jajaja!!

-Sí, eso parece. ¿Y tú? ¿Algo que contar?

-No, poca cosa. No he tenido nada serio desde hace mucho tiempo, ya sabes...

-Lo siento...

-¡No empieces! Ya todo está bien, sólo que no ha aparecido nadie que me llegue, es sólo eso.


Las cervezas siguieron corriendo por el salón y la risa empezó a flojear.

-Te echaba de menos, por eso he vuelto a Madrid.

-Espera, creo que no deberías continuar...

-¡No! Estúpido...ése echar de menos se acabó. Te echo de menos a tí como amigo. Tener a alguien a quien contarle todo. Me quedo en Madrid, vuelvo para siempre.

-No... no sé qué decir.

-¿Por qué no la llamas? Tu vida va bien, se te nota. No quiero destrozar todo lo que tienes otra vez...

-No sé, tengo que pensar...

-¡Oh, no! No has cambiado nada....¡¿Qué tienes que pensar?! Llámala antes de que sea tarde.

-Pero es que no sé, ahora estás tú aquí...

-Y ella también. Y yo voy a estar siempre. Éste sigue sin ser nuestro momento, quizás más adelante...