domingo 25 de mayo de 2008

La llamada

-¿Si?

-Hola feo... ¿qué tal?

-Eh...bien. ¿Tu qúe tal?

-Bien. Volviendo a casa del trabajo. Hoy era mi último día.

-¿Y eso? ¿Qué ha pasado?

-Lo he dejado, no era lo mío. Y tengo otras cosas en mente.

-Ah, ¿si? ¿Qué locura vas a hacer ahora?

-¿Locura? No se si llamarlo así.

-Pues, ¿cómo quieres que lo llamemos?

-Podemos llamarlo...no sé. ¿Qué dirías si te digo que mañana vuelvo a Madrid?

-No es cierto, ¿no?

-Sí, sí lo es. Cojo el tren mañana por la mañana.

-No puede ser...

-Me gustaría que nos viésemos. Tengo mucho que contarte.

-Pero no, no puede ser. ¿Por qué? ¿Por qué después de tanto tiempo sin saber nada de ti?

-Realmente no se el por qué.

-¿Entonces?

-Simplemente vuelvo. ¿Querrás verme?

-Supongo...

-Bueno, piénsatelo. Llego mañana a medio día más o menos. Llámame ¿ok?

-Ya veré...

-Un beso. Hasta mañana.

-Adiós.


Todavía no sabe de dónde sacó el valor para llamarle, pero tras colgar sintió un alivio muy familiar, como el de hace años.

Esa noche no durmió demasiado. Probablemente mañana lo vería, después de tanto tiempo. Estaba nerviosa, como cuando estaban juntos. Como cuando cada día era una nueva prueba en la que había que ganar a los problemas.

Cogió el tren rumbo a Madrid temprano. Estaría allí poco antes de medio día. El móvil estaba como pegado en su mano, pero no recibía ninguna llamada.

Pasó todo el viaje imaginando qué pasaría cuando se viesen. Seguro que sería tan perfecto como siempre. Seguro que no había pasado el tiempo entre ellos. O igual sí. Estaba preocupada. El tiempo no pasaba en su reloj. Quizás leer ayudase. Cada palabra que leía pasaba de largo por su cabeza. No podía pensar en otra cosa. Sólo quería verle a él. El resto daba igual. Él era Madrid.

Llegó a Madrid sin retraso. Ninguna llamada había interrumpido el descanso de su móvil. Quizás él no quisiese volver a verla. Quizás ya era tarde. Pero tenía que intentarlo.

Esperó la llamada mientras tomaba un café en la estación. Miró la cobertura. No, no era ese el problema. ¿Y si llamaba ella? No, no quería ser pesada. Igual era mejor así, no volver a ser "nosotros" ni como amigos. Pero se resistía a pensar que eso era lo mejor. No podía ser lo mejor. Se entendían como nadie. Lo mejor era estar cerca.

Sus pies decidieron por ella. No tenía otra opción mas que obedecerles, y en cierto modo era lo que estaba deseando hacer. Por fín llegaba el momento, por fin le vería. Llamó al timbre. Nadie abrió. Tenía que intentarlo otra vez. Volvió a llamar. Solo el silencio la contestó. Todo acababa aquí, aunque doliese. Último intento. Llamó. Silencio. Más silencio. Pasos...